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Espacio para compartir buenas noticias y buen humor

EL RETO DEL BUEN HUMOR

Sin duda alguna mantener el buen ánimo y el buen humor resultan un reto en esta época en la que parece que predominan las malas noticias y el desánimo. Sin embargo, seguiremos apostando por soñar y compartir sueños e ideas que permitan mejorar nuestras vidas, a pesar de los obstáculos.

Ese es nuestro afán y empeño: lograr dirigir la mirada y el corazón hacia dónde hay alternativas y esperanza, tratar de encontrar las noticias, los temas, las personas que nos ayuden a comprobar que , aunque sea difícil, podemos transformar nuestra realidad y lo que hacemos.

Por el momento apenas hemos logrado mantener nuestro facebook, pero estamos buscando el apoyo de otras personas que también quieren contribuir, aportando sus experiencias y soluciones a los problemas cotidianos que a veces nos impiden llegar a dónde queremos y ser quienes anhelamos.

Por eso psicólogos, médicos, escritores y artistas estamos uniendo esfuerzos para compartir con la comunidad los conocimientos y tips que pueden hacerte menos complicadas las cosas y ayudarte a enfrentar cualquier problema con buen humor.

Ese es el reto que enfrentamos y requerimos de seguidores para lograrlo y consolidar nuestra WEB multimedia. Queremos saber que hay interés y demostrar que mucha gente quiere otro tipo de medios y de información, que podemos ser una fuente confiable de información y que nuestros programas, entrevistas, videos y artículos merezcan la credibilidad y el apoyo de nuestra audiencia.

Apostamos por la confianza, por la honestidad y porque lo que digamos sea no solamente útil y de interés sino que te permita realmente encontrar respuestas y los servicios o productos que te ayuden a  conseguir un mayor bienestar.

Salud, amor, dinero, arte, ciencia y muchas cosas más estarán a tu disposición,porque estamos trabajando en ello. Saber que estás ahí… es nuestra mejor motivación.

 

 

 

 

 

 

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Travesura

Salió dispuesto a llenar su botella con renacuajos y lombrices para,
al primer descuido de la cocinera, añadir ese “suculento aderezo”
a la ensalada que le obligaban a comer.
Atravesó el corral para dirigirse al estanque, en el que acostumbraba
deslizar sus barquitos pesqueros de papel en busca de
serpientes marinas y sirenas, aunque, hasta ahora, sólo había encontrado
ajolotes y larvas de moscos.
Tenía seis años y deseos de conocer lo que se ocultaba detrás
de los espejos… Una vez, en casa, el querer entrar por la luna del
espejo del ropero de la abuela le había traído como consecuencias
una semana de vendajes y curaciones y la seguridad de que su cabeza
se hallaba tanto o más astillada que el cristal que recogieron
con la escoba.

Metió la mano en la pileta y, al verse reflejado en el agua, recordó
el espejo: “El agua es blanda —pensó— y bajo su piel viven
muchas criaturas…”.
Entró en el estanque y sintió cómo el líquido inundaba sus
pulmones, sin ahogarlo. Asombrado ante el descubrimiento de
que podía respirar debajo del agua, empezó a nadar, explorando
a su alrededor.
Muy pronto pudo percibir y reconocer las distintas formas en
que se mueve el agua y sus diferentes sonidos: una hoja que cae
sobre su superficie; una mosca que desciende a beber; una semilla
que llega desde lo alto y baja hacia el fondo… jugó con sus manos
y su cuerpo danzando en el interior del agua, imaginando y creando
melodías y dibujando con las ondas del agua figuras cambiantes
que, al mezclarse, producían otras nuevas.
El tiempo pareció detenerse y, repentinamente, sintió el irresistible
deseo de mirar hacia arriba: afuera, tras la superficie del
agua, un niño miraba indeciso al fondo del estanque.

Interiores

Para Alberto Villela Urzúa: por su magia.

(In memoriam)

 

Era lunes por la mañana y el hombre acicaló el pelo de peluche de su cisne para salir, como siempre, del primer vagón del metro.

El ave que llevaba en sus brazos tenía el cuello móvil y se mecía al ritmo de sus pasos, haciendo oscilar su hermosa cabeza. La gente al verlo se sentía maravillada creyendo que el cisne era verdadero y, al descubrir su error, una sonrisa involuntaria les emanaba de algún oculto rincón. Las personas salían a la calle tratando de disimular al niño recuperado que se agitaba en su interior.

Era martes al medio día y hacía calor. El hombre soltó los dedos del orangután de peluche que durante el trayecto había ido colgado de uno de los pasamanos del vagón, ante el regocijo mal disimulado de los pasajeros. Tomó al animal como si fuera un crío y se lo montó sobre los hombros: la movilidad de los brazos y el tórax del primate daba la impresión de que estuviera vivo; los transeúntes que lo observaban se detenían en los andenes y contemplaban al hombre con una mezcla de sospecha y confianza un tanto extrañas, pero se decidían por la sospecha; y así, sin deshacer el encanto, irían a sus casas a contar del animal que parecía “de mentiras”.

El miércoles por la tarde llovía intermitentemente. El hombre salió del vagón después de colocar al tucán de peluche sobre su antebrazo izquierdo y apoyarse sonriente en su paraguas negro. El tucán, a cada movimiento del dueño, parecía voltear a uno y otro lado, como buscando alguna cosa; cuando el hombre levantó el brazo, el tucán extendió las alas y aquellos que seguían sus movimientos con la mirada se agacharon esperando verlo alzar el vuelo sobre sus cabezas. Algunas personas estuvieron tentadas a ofrecerle un precio alto por el animal, pero el desconcierto ante la posibilidad de que el pajarraco fuera verdadero los hizo limitarse a sonreír e imaginar quién sabe qué historia acerca de aquel hombre que hubieran querido ser.

El jueves, algo interrumpió la rutina: un sospechoso policía esperaba inquieto en el andén. Afortunadamente, una muchacha de encendidos labios -que guiñaba un ofrecimiento -desvió la atención del uniformado, quien encaminó a la dama hacia un sitio en el que… estuvieran seguros los dos.

… el hombre descendió del vagón cargando un enorme oso de peluche que, una vez en el suelo, parecía bostezar perezosamente y se desplazaba con dificultad tras su dueño, que jalaba con esfuerzo la cadena del collar que adornaba su cuello. Algunos niños hacían pucheros y las madres casi arman un motín en los pasillos, aunque finalmente todos los presentes se tranquilizaron ante la mansedumbre del animal y abrieron paso al hombre entre carcajadas divertidas que se les agotaron ya casi al final del día; aunque hubo algunos que aún en sueños sonreían al recordarlo.

El viernes, el policía se obligó a no distraerse y estuvo al pendiente de cualquier sospechoso que bajara del primer vagón del metro. Sabía que el hombre no tenía horario fijo y empezaba a molestarlo la idea de que, tal vez, tendría que seguir esperando después de finalizar su turno. En esos pensamientos estaba cuando el viento artificial le indicó que el tren se acercaba a la estación:

“Esto sí que es el colmo”, pensó el uniformado, y se dirigió furioso hacia el hombre que bajaba sonriente del vagón, ante los ojos admirados de quienes lo rodeaban: pequeñas mariposas doradas giraban en torno al hombre y éste las iba entregando, una por una, a quienes se acercaban confiados y extendían su mano para que en ella se posara alguno de los insectos. El oficial se sintió ofendido porque su presencia no causó la menor alteración en la conducta de la gente, cuya atención se concentraba en compartir con el hombre la posibilidad de ser aceptado por una mariposa. El oficial carraspeó, llamó al orden y finalmente hizo sonar su silbato, con lo que tampoco logró nada, ya que, una vez portadores de su mariposa, los desordenados salían tranquilamente rumbo a sus hogares.

El policía puso su mano sobre el hombro del causante del tumulto y bruscamente lo hizo girar para que quedara frente a él: el hombre era sólo un anciano sonriente y desdentado que, ofreciéndole la última mariposa que aleteaba en su mano, se apoyó frágilmente sobre los brazos del policía y se dejó caer con suavidad hasta quedar arrumbado sobre el piso…

Minutos después, el gendarme, receloso y desconcertado, sostenía una mano en alto sobre la que revoloteaba una mariposa dorada; con el otro brazo sostenía un enorme viejo de peluche

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Este es un sueño… el sueño de encontrar otros SOÑADORES, personas que quieran compartir buenas noticias y buen humor a través de la red.

Artistas o no, sombrereros locos o amas de casa dispuestas a soltarse el chongo y recuperar sus fantasías… empleados que aspiran a un mejor empleo o,por qué no, a poner su propio negocio… personas como tú y como yo que no perdemos la esperanza de que el mundo puede ser mejor.

Hay demasiada información negativa en los medios y queremos apostar por hacer un contrapeso con imágenes, ideas, proyectos y sueños que nos permitan apoyarnos y conectarnos con instituciones o personas que puedan ayudarnos a soñar juntos.

Nada perdemos con intentar… acompáñanos en esta aventura que inicia… aquí, en este momento.

 

 

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